Un diputado local, y de Morena, ha lanzado iniciativa de ley en el Congreso.
Una ley para castigar (ahora) el delito de la rapiña.
La rapiña cuando el chofer de un carro de carga vuelca en la carretera y de pronto, entre los matorrales aparece montón de gente para saquear los productos.
Y que han sido desde carros con cajas de cerveza hasta cochinos y marranos.
Entonces, el señor legislador, Omar Blanco, decidió dar vida a un delito.
Y de paso, lanzarse contra un hábito, una costumbre, una cultura, arraigado hasta el tuétano de la población.
Y desde antes de Jesucristo.
La rapiña.
Rapiñeros, digamos.
Nunca en los gobiernos priistas y el panista una iniciativa de ley contra la Rapiña.
Jamás la decisión legislativa de enviar de entre dos a cinco años de cárcel a los responsables y culpables.
De entrada, y cuando (en caso de ser) la iniciativa sea aprobada (ahora turnada a la Mesa Directiva) en cada rapiña habrán de detener a la mitad de los pueblos vecinos, la mayoría involucrados.
Además, de la multa.
Veracruz, que en el primer lugar nacional en la rapiña.
Afectados, dice el legislador, los transportistas.
Y las cadenas de suministros.
De entrada, un pueblo donde seis de cada diez habitantes están “atrapados y sin salida” en la miseria, la pobreza y la jodidez.
El desempleo. El subempleo. Los salarios miserables. Y la migración, sobre todo, a Estados Unidos. Y sin papeles.
Entonces, la rapiña como un oasis.
Un paraíso.
Un ratito de felicidad y dicha.
Ahora, y gracias a Morena, la posibilidad de condenar a los autores de entre dos a cinco años.
Los transportistas, felices, a ver si así acaban con la rapiña.
El día cuando empiecen a detener y encarcelar a los rapiñeros… Veracruz arderá.
Va contra natura.

