En Nicaragua, los jefes políticos, Daniel Ortega, el presidente, y su esposa Rosario Murillo, la vicepresidenta, se han vuelto, como sus antecesores, los Somoza, dueños del país.
Y hacen y deshacen.
Por ejemplo, la feroz represión en contra de los escritores incómodos.
Uno: perseguidos.
Dos: pncarcelados.
Tres: exiliados.
Cuatro: les quitan la nacionalidad nica.
Cinco: es confiscan bienes personales.
Seis: les secuestran sus libros, incluso, en festivales y hasta en las aduanas enviados desde el extranjero para su exposición y venta.
Y siete: han llegado a profanar misas donde conmemoraban la muerte del poeta sandinista, Ernesto Cardenal (El País).
Peor tantito: el silencio impresionante de algunos presidentes de América Latina, entre ellos el de México, sobre las tropelías de Daniel Ortega y esposa.
Igual, igualito, que el silencio sobre Nicolás Maduro, de Venezuela, y los Castro Ruz de Cuba.
Indicativo: José López Portillo, presidente de México, quedó deslumbrado con los sandinistas luchando en Nicaragua para derrocar a los Somoza y su dictadura.
Entonces, López Portillo abrió las arcas nacionales con todo el apoyo del mundo para Daniel Ortega y el resto de sandinistas.
El primer gran escritor en padecer la feroz represión de Daniel Ortega fue su compañero de lucha social, Ernesto Cardenal; el segundo, Sergio Ramírez; la tercera, Gioconda Belli.
Incluso, su novela “Un silencio lleno de murmullos” donde cuenta la historia de la presión de Daniel Ortega, anexos y conexos, fue incautada en una feria del libro.
Sergio Ramírez recibirá en estos días un premio internacional de literatura en España.
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