Los malosos se recrudecen. Duros y rudos. Mostrando los bíceps y el puño a la máxima autoridad en Veracruz.
El último tsunami social y policiaco: la madrugada de ayer en El Higo, norte de Veracruz.
De pronto, en la noche se escucharon tiros y balazos.
Una vivienda en la comunidad Carolina Los Marcos… rafagueada, luego, le prendieron fuego y el fuego alcanzó una camioneta estacionada.
Luego, salpicaron el camino a la comunidad con “ponchallantas”.
Y de pilón, huyeron.
En las sombras de la madrugada.
Una más diría Narciso Busquets en la película “El gallito de oro” de Juan Rulfo.
Una más.
Dos, tres días antes, en Tuxpan, los malandros llegaron a una carnicería y dispararon sin ton ni son.
Y en contra de los clientes.
Se insiste: los clientes.
Digamos, una estrategia para presionar más, mucho más, primero, al dueño de la carnicería para cobrar el famoso llamado “cobro de piso”.
Y segundo, presionar a la autoridad.
Mejor dicho, para reiterar que aquí, en Veracruz, el Veracruz de moda, mandan ellos.
Y, bueno, ante el hecho en El Higo, la balacera en contra de otro político… pasa a segundo término.
Digamos.
Sólo digamos.
En Chicontepec, baleado el excandidato del PRI a la presidencia municipal, Noé Torres.
El 2 de mayo, en la carretera Orizaba – Zongolica, secuestrado y desaparecido otro político, Nabor Sánchez Salas, exalcalde de Tlaquilpa
En la carretera, interceptado, lo bajaron de su unidad móvil, treparon a otra y se lo llevaron.
Por fortuna apareció sano y salvo.

