Todo está bonito.
Todo está precioso.
Reluciente.
El palacio de Nahle en Xalapa.
Pisos de mármol.
Paredes pintadas de blanco, a tono con el color del mármol.
Casi casi como el palacio federal del emperador Maximiliano de Habsburgo.
Remodelado el palacio, inversión superior a los “60 millones de pesos en la versión oficial”.
Así, la remodelación durará unos cincuenta años.
Un cambio general en las oficinas.
¡Vaya lujo!
¡Lujazazo!
¡Ay, Salvador Díaz Mirón con aquella frasecita poética y social de que “nadie tiene derecho a lo superfluo mientras se carezca de lo necesario!
Un millón de paisanos en Estados Unidos como migrantes, huyendo de Veracruz ante la incapacidad oficial para animar la creación de empleos, dignos, estables y cubiertos con justicia laboral… Simplemente, justicia laboral.
Por ejemplo, los egresados de las universidades públicas y privadas ganando 5 mil pesos mensuales… si trabajo encuentran.
Seis de cada diez paisanos jarochos, en la miseria y la pobreza.
El desempleo, subempleo y los salarios pichurrientos.
Pero, bueno, así como cada familia suele remodelar su casita y cuando hay “luz económica”, de igual modo, el palacio de gobierno de Xalapa.
La casa del pueblo le llaman algunos.
Además del mármol, indicativo, las vallas, digamos, ajá, para blindar el palacio de la inconformidad social.
Además, policías vigilantes con el rifle en son de alerta.
Listos para disparar… si es necesario, claro, como en el movimiento estudiantil del 68 en la Plaza de Tlatelolco.
Vaya, la góber preciosa anunció recorridos de los curiosos los viernes, sábado y domingo.
Es decir, el palacio de Xalapa como un atractivo turístico más.
A tono, por ejemplo, con el desarrollo exponencial de las fiestas patronales y religiosas de pueblo en pueblo.
A tono, por ejemplo, con los tegogolos más afrodisiacos del mundo.
A tono, por ejemplo, con las cocadas de Costa Esmeralda las más sabrosas del planeta.










