La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en el ring político, con los guantes puestos defendiendo a México.
La primera, contra el exembajador de Estados Unidos, Ken Salazar, a partir de la llamada emboscada al capo Ismael El Mayo Zambada para llevárselo a Estados Unidos.
Aquel operativo de “Los Chapitos”, los hijos de Joaquín Guzmán Loera, sentenciado a cadena perpetua en EU.
Incluso, Sheinbaum acusando al FBI de orquestar la traición en el interior del Cartel de Sinaloa y, claro, el exembajador revirando a Sheinbaum.
Y la tercera pelea estelar en contra del periodista argentino, Eduardo Feinmann, quien expresó cadena nacional :“Detesto a los mexicanos, los detesto con mi alma”.
Es más, diciendo que los mexicanos tienen envidia de los argentinos… por su fútbol; Sheinbaum, revirándolo y el reportero argentino… disculpándose.
Indicativo: días anteriores la presidenta encarceló a su amigo y compañero en el salón de clases de la UNAM, a quien encumbró como director general de PEMEX, y de pronto, zas, el trascendido de que el director de PEMEX es un machista, golpeador de su esposa.
AMLO, el ex, lo dijo alguna ocasión: Sheinbaum es más dura.

