BANDERAZO DE SALIDA: De sábado a sabadito, el más sabroso desayuno en la ciudad jarocha está en las gordas, las picadas y las negritas… El manjar gastronómico disponible a toda hora… Más porque la historia bíblica ha de enaltecerse… Por ejemplo, el día cuando Hernán Cortés desembarcó con sus guerreros en el Golfo de México de cara a las playas de Chalchihuecan, su barbie la Malinche sacó de su morral el metate obsequiado por su padre… Molió maíz… Y de inmediato palmeó las primeras picadas que el conquistar español probó en su vida… Y tanto le gustaron que cuando en Cempoala el cacique gordo le ofreció banquetazo, Hernán Cortés pidió otras picadas… En las tardes, las picadas (Pe) y gordas (Go) bien pueden ser relevados por los tacos callejeros… Y todos los comensales, de pie, tomando un refresco de cola…
CURVA PELIGROSA: Las Pe y las Go… únicamente se degustan sabrosas cuando se comen con las manos… Nada de tenedores para, digamos, parecer gente exquisita… De abolengo… Y de buena familia… Además, las picaditas con la grasa escurriendo… El queso y el chilito como los ingredientes estrellas… También hay gorditas y picaditas con puros frijolitos, otro gran deleite heredado por la Malinche, la famosa políglota seduciendo a los soldados españoles… Y considerando el platillo número uno, al diablo el colesterol, los triglicéridos, la papada y la panza… El consumo de las picaditas como una muestra del fervor patrio… ¡Ay, Veracruz, “algún día hasta tus playas lejanas tendré que volver” cantaba Agustín Lara tocando el piano y lo que significa un pretexto para atragantarse con las Pe y las Go… y los tacos…
AUTOPISTA DEL SUR: En el famoso barrio de La Huaca las señoras fueron las primeras en observar la sabia enseñanza gastronómica de la Malinche… Incluso, varios años después, creada la plaza comercial “Mocambo” en Boca del Río por el góber Dante Delgado Rannauro con el primer Sanborns, los restaurantes y fonditas de la Huaca fueron bautizados como el Sanborcito… La Huaca, digamos, la cuna jarocha de las picadas y gordas… Por encima, incluso, de que allí el músico – poeta conoció a “Toña La Negra” y quedó deslumbrado con su voz… Y en la Huaca, el poeta Salvador Díaz Mirón conoció a Gloria y le escribió el poema de “confórmate, mujer, hemos venido a este valle de lágrimas que abate/ tú como la paloma para el nido/ y yo como león para el combate”… Los últimos años de su vida, el periodista Fausto Fernández Ponte decidió vivir en La Huaca y desayunar picadas y gordas…
AUTOPISTA DEL NORTE: De la Huaca, la cultura y la tradición gastronómica se fue extendiendo al resto de la ciudad jarocha… Ahora, los restaurantes las tienen en el menú principal… Y significa pecado mortal excluirlas… En todo caso, si la panza se va transfigurando en un balón de fútbol, basta y sobra caminar una media hora alrededor de la manzana para conservar “la egregia figura y hasta la sepultura” pues, comprobado está, las mujeres prefieren más a los hombres flacos que a los gordos… Con todo que los gordos tienen encanto mágico… Un changarro de picadas en el planeta Marte sería más exitoso que la venta de café de Veracruz…
RECTA FINAL: Ahora, y gracias de Dios, las Pe y Go… suelen comerse al ritmo del jaranero de la iguana… La marimba tocando “La bamba”, el himno nacional jarocho… Y los tríos… Y en uno que otro restaurante escuchando a Agustín Lara con su vocecita tierna y dulzona… Un arpista solitario rasga las cuerdas y luego desfila de mesa en mesa con una gorrita en las manos entre los comensales “para lo que sea su voluntad”… En las fondas del mercado, las canciones de la bíblica rocola… Y hay fiestas de graduación escolar donde el desayunito es a base de picaditas… Incluso, hasta en bodas de élite… La Huaca huele a picada y gorda… Y cada vez sigue descubriéndose como Barrio Mágico aun cuando la secretaría de Turismo lo desconoció… Pero, bueno, la honra más alta la otorga el pueblo que “sabe reír y cantar” y pitorrearse de los errores oficiales…
META: En Xalapa, la vida girando alrededor de los pambazos… En Rinconada, de las garnachas… En Costa Esmerada, por las cocadas… En Tuxpan, las empipianadas… En los Llanos de Sotavento, chicharroncitos extraídos de la paila… En Perote, las tortas… En Soledad de Doblado, los tamalitos de masa… Etecé… El sortilegio gastronómico de cada región… En la ciudad jarocha, sus honorables majestades, las picadas y las gordas… Y las negritas, con frecuencia, más sabrosas… Las grandes comilitonas… Casi casi, vivir para comer (en lugar de comer para vivir)… Como el filme “La gran comilona” (1973) donde un cuarteto de hombres (Marcello Mastroianni, Michel Picolli, Phillipe Noiret y Ugo Tognazzi) se reúnen para suicidarse comiendo sin parar… Y con mujeres a un lado, pues a la tercera copa en un festín pecado mortal convivir sin damitas… (luis velázquez)

