En Nicaragua, la peor dictadura en América Latina: Daniel Ortega, de 80 años de edad, en el mando supremo, a un ladito, su esposa, la poetisa Rosario Murillo como copresidenta y sus nueve hijos.
Incluso, Daniel Ortega cambiando la Constitución para heredar el poder a sus hijos.
Simplemente, la dinastía familiar en el poder.
Ellos no nacieron en Nicaragua.
Nicaragua es de ellos.
Uno: el último manotazo, anunciar la desaparición de las elecciones para elegir candidatos a puestos de elección popular, desde alcaldes hasta gobernadores y presidente de la república nica.
Dos: un Estado policial de facto para apaciguar a la población insurgente a base de toletazos.
Tres: represión sistemática en contra de todos los críticos, desde intelectuales, historiadores y sociedad civil hasta reporteros, incluso, hasta la iglesia.
Cuatro: la formación de una dinastía familiar en el poder.
Cinco: desterrados todos los disidentes, además de ser declarados traidores a la patria.
Seis: su esposita, Rosario Murillo, autonombrada heredera del régimen.
Siete: Daniel Ortega y su esposita controlando todas y cada una de las instituciones del Estado.
Ocho: nueve hijos listos para asumir el poder.
Nueve: la esposa es considerada una esotérica.
Diez: manotazo con purga política en contra de “la gran mayoría de oficiales y alto y medio rango del ejército” (El País).
Once: un sistema de partido político único.
Además, insólito: ni una palabra de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, en contra.
Tampoco ni una palabra de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Tampoco, en su sexenio, ni una palabra de Andrés Manuel López Obrador.
