Por luis velázquez rivera
Hay seis momentos estelares en el filme cinematográfico “Cocodrilos”, narrando el asesinato de una reportera y un fotoperiodista en Veracruz en el sexenio de Javier Duarte de Ochoa, 200/2016.
Uno:
La tarde cuando un taxista secuestrado por los malos y de quienes tiempo después logra huir revelando (y en una iglesia) a la periodista Regina Martínez, corresponsal de Proceso en Veracruz, que los narcos suelen tirar los cadáveres de los muertos (quizá vivos) a un ejército de cocodrilos como alimento.
Dos:
La tarde noche cuando un sicario solitario y encapuchado entra a la casa de la reportera incómoda, Regina Martínez (interpretada por Teresita Sánchez), y luego de torturarla la mata.
Tres:
Luego de matar a Regina, el asesino solitario también acribilla a la hija menor de Regina. Unos seis, siete, años.
Cuatro:
El envío a la casa del fotoperiodista Rubén Espinoza (interpretado por Hozé Meléndez) de una caja con una bufanda llena de grande.
Y recibido por su señora madre (Arcela Ramírez) y a quien sorprende un ataque cardiaco.
Cinco:
El mediodía cuando Rubén Espinoza agarra camino en su coche (y solo) en la carretera federal derecho, derechito, a la famosa fosa clandestina, “Colinas de Santa Fe”, el cementerio particular de los malosos.
Seis:
El mediodía cuando Rubén Espinoza deposita unas flores y unas veladoras en las tumbas en el panteón de Regina y su hija.
Y al salir del cementerio, un Jeep atropella su automóvil y de inmediato unos sicarios lo sacan por la fuerza, secuestran, desaparecen y matan.
Por eso, la película “Cocodrilos” zambulle al cinéfilo (y luego luego de iniciada la función) en un mundo sórdido y siniestro.
Real.
Duro y rudo.
Y alrededor del secuestro de los trabajadores de la información y que en el duartismo encumbraran a Veracruz como “el peor lugar del mundo para el ejercicio reporteril”.
El cineasta J. Xavier Velasco, director de la película.
El filme, basado en la novela “Cocodrilos” de la escritora Magali Velasco, hermana de J. Xavier.
Ambos, originarios de Xalapa.
Magali, además, académica en la Universidad Veracruzana y ex directora de la Facultad de Letras Españolas.
Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola.
Doctora en Literaturas Romanas en la Universidad de París.
Galardonada en Chile.
Saña y barbarie en el mundo periodístico
En la era Duartista, Veracruz declarado “el peor lugar del mundo para el gremio reporteril” por la ong “Artículo 19”.
En Londres, un periódico exhibió en su antesala de espera un montaje gráfico con las fotos de los reporteros asesinados en el mundo.
Y entre ellos, varios de Veracruz.
Tiempo aquel cuando, por ejemplo, unos trabajadores de la información fueron ejecutados con alevosía, ventaja y premeditación.
Y con saña y barbarie.
Lo peor de la naturaleza humana en el palenque público.
Miguel Angel López Velasco, Milo Vela, subdirector de Notiver, ejecutado por la espalda una madrugada. Y en su casa.
Y al mismo tiempo, ejecutada su señora esposa.
Y un hijo, fotógrafo en Notiver.
De acuerdo con una versión oficial, les dispararon más de trescientos balazos.
Otra reportera de Notiver, Yolanda Ordaz, de la fuente policiaca, secuestrada en su casa. Desaparecida. Asesinada. Decapitada. Y arrojado su cuerpo y cabeza en una callejuela atrás del periódico “Imagen” (antes Sur) en Boca del Río.
En Coatzacoalcos, el reportero Gregorio Jiménez de la Cruz, secuestrado, desaparecido y asesinado el 5 de febrero del año 2014.
Además, obligado a cavar su propia sepultura.
Y con la pistola en la sien.
Y cuando terminó la faena, el tiro de gracia y empujado el cadáver a la fosa.
Seis años después, en Tezonapa, otro reportero secuestrado, desaparecido, asesinado y decapitado.
Julio Valdivia Rodríguez. Septiembre del año 2020.
El cadáver y la cabeza tiradas sobre las vías del tren.
En la ciudad jarocha, tres fotógrafos y una secretaria del periódico El Dictamen, secuestrados, desaparecidos, asesinados, destazados en cachitos, metidos en bolsas negras y arrojados en un canal de aguas negras.
Casos más sangrientos y/o iguales que como las historias de Regina Martínez y Rubén Espinoza.
Delitos que nunca prescriben…
De hecho, el filme “Cocodrilos” describe en el primer plano y de principio a fin la historia de dos personajes.
La periodista y el fotógrafo.
Al lado de ellos hay personas que entran y salen.
Sus historias descritas con puntualidad, calidad artística, personajes muy bien logrados y como eje central, conservando y aumentando el interés por el desarrollo cinematográfico.
Sus casos, tan vigentes, considerando como lo establece el llamado Estado de Derecho que hay delitos “de lesa humanidad… que nunca prescriben”.
Y así ocurrieran en el sexenio de otro gobernador están vigentes para ocuparse por los sucesores en la silla embrujada del palacio de gobierno.
Y embrujada, como afirmaba Eufemio Zapata, el hermano mayor de Emiliano, porque a todos enloquece, marea y subyuga.
Y hasta los hace levitar…
Los crímenes y desapariciones de reporteros, fotógrafos y camarógrafos en Veracruz echan lumbre.
He ahí una, entre otras, enseñanzas de “Cocodrilos”, una de las novelas estelares (mitad realidad, mitad ficción) de la escritora Magali Velasco.
Seguir pateando el balón…
Cositas de la vida: El viernes 25 de septiembre, el tecleador fue a Cinépolis para ver “Cocodrilos”.
En la sala únicamente cuatro personas, como si se tratara de una exhibición privadísima.
Al día siguiente, se volvió a Cinépolis para ver el filme “El corazón de la bestia” con un solo personaje. Brad Pitt.
Bueno, dos personajes, con un perrito compañero de Brad Pitt.
La sala ultra contra súper llenísima.
¿Será la fama de Brad Pitt?
¿Será el tema?
Con todo, de seguro el cineasta y la novelista seguirán empujando la carreta.
Aunque, por ahora, la carreta cinematográfica pareciera destartalada…
Quizá habría faltado una mejor campañita publicitaria.
(De paso, y ante la sala vacía, las palomitas edulcoradas cayeron mal al estómago y quedaron abandonas en una butaca, igual, igualito, que el refresco de cola).
Por sus obras los conoceréis…
Obra literaria de Magali Velasco Vargas:
1) Vientos machos. Cuentos.
2) Todos sobre lilas. Ensayos.
3) El norte de Bruguel.
4) Rodrigo y el Gran Elefante.
5) Cerezas en París. Su primera novela.
6) Cocodrilos. La última novela.
Obra cinematográfica de J. Xavier Velasco Vargas:
- Sicópata: el asesino del conejo blanco.
- Zerch.
- Cocodrilos.
Del “Aquí no pasa nada” al “Veracruz de moda
ONGs de México, América Latina y Europa…
Y activistas sociales…
Y hasta los ministros de Dios en la iglesia católica…
Se han inconformado y denunciado y organizado plantones y marchas sobre el secuestro, desaparición, asesinato y fosas clandestinas de trabajadores de la información.
Y como resumiera el mismo Javier Duarte como filosofía política y social de su sexenio:
“Aquí… no pasa nada”.
Nada, pues, ha trascendido con la indignación crónica de reporteros, fotógrafos, camarógrafos y editores.
Simplemente, los continúan matando.
Incluso, cazando en la vida cotidiana para asestar el tiro de gracia.
México, campeón mundial en crímenes de periodistas. Y sin una guerra de por medio.
Y Veracruz, en el primerísimo lugar nacional.
Y Veracruz, entre el “aquí no pasa nada” y el “Veracruz, de moda”, pues…
¡Hosanna, hosanna!
Habrá más películas, mitad realidad y mitad ficción, de “Cocodrilos”.
Pero la matanza de reporteros continuará.
Ya está dicho y hasta los niños de pecho estarán informados:
Cada gobernador cargando la cruz de los diaristas asesinados.
Con Miguel Alemán Velasco, uno.
Fidel Herrera Beltrán, cinco.
Javier Duarte, 19. Más tres desaparecidos.
Miguel Ángel Yunes linares, cinco.
Cuitláhuac García Jiménez, diez.
Nahle, cuatro ejecutados y uno desaparecido.
Y según esa cosita llamada Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas, CEAPP, nueve periodistas “con protección de alto impacto”, escoltas y chalecos antibalas.
Canijo que un contador de historias diarias busque la noticia con escoltas a un lado (y armados) y cubierto con chalecos antibalas… por si las dudas una bala perdida.
El ejercicio de su libertad, vaya, garantizado, ajá, con guardaespaldas.
Digamos, policías “dispuestos a todo”.
Incluso, y discúlpese, matones a sueldo.
