“La muerte tiene permiso”

➥En Veracruz, “el pan nuestro de cada día”… ➥Vivir con terror, pánico, miedo; miedo al miedo ➥Regadero de cadáveres en 4 puntos cardinales ➥Sangre borboteando en cada amanecer sórdido ➥Incertidumbre y zozobra en los 212 municipios ➥Secuestros, desapariciones, extorsiones, fosas ➥Montón de Ayotzinapas en el territorio jarocho
Veracruz tiene las fosas más grandes de América Latina en Colinas de Santa Fe/Foto de Ernesto Álvarez/Cuartoscuro tomada de El País

Por luis velázquez rivera

 

Veracruz se muere de terror y pánico. De miedo y de “miedo al miedo”. Y en los 212 (doscientos doce) municipios. Días y noches con secuestros. Desapariciones. Extorsiones. Asesinatos. Decapitaciones. Y fosas clandestinas.

En la mayoría de los pueblos, comunidades y rancherías, todos los días velan un cadáver. Y el cadáver de una mujer y/o un hombre ejecutado.

Incluso, horas fatídicas cuando los malandros han llegado a la funeraria y delante de los deudos ejecutando a una persona, digamos, incómoda para ellas.

En las carreteras estatales y federales, montón de choferes de carros de carga y autobuses de pasajeros conduciendo con “el Jesús en la boca”, rezando, vaya, para librar un ataque sorpresivo.

Cadáveres tirados en la vía pública, en calles y avenidas, en las carreteras y a orilla de caminos vecinales; colgados de puentes, cabezas decapitadas arrojadas en la pista de un centro nocturno, una disco.

Memorable y citable, bíblica y apocalíptica, aquella maestra jubilada y taxista (buscando la vida) de Tempoal, arrodillada y encañonada por diez sicarios encapuchados obligándola a leer un texto con una leyenda infernal: “Compañeros, paguen la cuota o terminarán como yo”… Y ella terminó muerta.

La sangre borboteando en cada amanecer…

Los cadáveres flotando aguas abajo en ríos y lagunas y hasta en el Golfo de México…

El número incalculable de mujeres (niñas, adolescentes, jóvenes, maduras) y hombres desaparecidos… han creado (digamos, solo digamos) un tsunami de horror.

Y en algunos casos hasta “viendo moros con tranchete”.

Y en casas. En deshoras de la madrugada con un ruidito por ahí.

Y más, si hay perrito en casa (y un perrito con mucha imaginación) y ladrando hacia las dos, tres, cuatro de la mañana.

Y por añadidura, despertando y recrudeciendo el miedo.

La sicosis ha trascendido la vida cotidiana.

Por ejemplo, en repetidas ocasiones el sermón en la iglesia católica clama la seguridad en la vida y los bienes gritoneada en el famoso (y fallido) Estado de Derecho.

Con todo, los más de veinte Colectivos integrados con madres y padres con hijos y parientes desaparecidos siguen empujando la carreta buscando a los suyos a pesar de que la carreta (de la esperanza) esté destartalada.

Hecha puros cachitos.

De hecho y derecho, se trata, más allá de “la moda en Veracruz”, del nuevo Veracruz.

Un Veracruz nuevo, por ejemplo, desde el sexenio de Javier Duarte (2004/2010) cuando 19 (diecinueve) trabajadores de la información (reporteros, fotógrafos, camarógrafos y editores) fueran plagiadas, desaparecidas y asesinados.

Más tres desaparecidos… y hasta la fecha.

Por eso, entre otras razones históricas de peso y con peso, “el miedo al miedo” como escribiera el gran poeta español, León Felipe.

Siniestra incertidumbre

“Les guste o disguste” a las tribus políticas en el poder sexenal la zozobra en las 212 (doscientas) doce demarcaciones municipales significan el pendiente número uno y dos y otres en el Veracruz… asilo político de los presidentes Benito Juárez García y Venustiano Carranza y los malandros cogobernando Veracruz como los herederos del Pirata Lorencillo con sus “piratas” saqueadores.

Una pesadilla, el secuestro, por ejemplo.

El plagio cometido en la propia casa.

En la calle cuando la persona cumple un pendiente familiar.

En el antro y/o a la salida del centro nocturno.

Al final de una reunión amical.

Cumpliendo una cita vía internet, vía las redes sociales, vía el WhatsApp, luego, la terrible y espantosa desaparición.

Incluso, así la familia pague el rescate solicitado por los malandros la víctima… asesinada y arrojado el cadáver en la vía pública y/o enterrado en una fosa clandestina.

Vaya, hasta arrojado en las aguas de un río para flotar aguas abajo.

La angustia de las horas de los días y las noches caminando derecho, derechito, a la incertidumbre.

La terrible desgracia: Si el familiar secuestrado está vivo, si le darán de comer en tiempo y forma, si podrá bañarse todos los días y si está enfermo si le estarán dando las medicinas, si lo agarrarán a golpes, si lo torturarán o si de plano estará muerto.

Todos los días, de norte a sur y de este a oeste de Veracruz, una persona o más plagiadas, desaparecidas, asesinadas.

La vida como es: dura y ruda.

Es el Veracruz que nunca nadie, ningún ciudadano, pude imaginar o sospechar que algún día seria padecido en el territorio jarocho.

El Edén como lo llamara en el siglo XVIII Alejandro de Humboldt.

El paraíso terrenal elegido por Benito Juárez García y Venustiano Carranza para establecer el poder presidencial.

¡Ay José Revueltas, soñando con la sociedad perfecta!

Simplemente, un mundo sin violencia.

Montón de Ayotzinapas en Veracruz

En Veracruz, más de veinte Colectivos. Integrados con madres y padres con hijos y parientes secuestrados y desaparecidos.

Todos ellos apostando a la esperanza para encontrarlos.

Todos los días y noches con la esperanza por delante como si fuera un tablero en mitad del océano turbulento y huracanado.

Rastreando pistas en lotes baldíos con fosas clandestinas.

Veracruz, ya se sabe, un fosario.

Buscándolos en reclusorios regionales y en centros de rehabilitación social.

Incluso, hasta siguiendo rastros para ubicar casas de seguridad de los malosos.

Cada semana, días predestinados para entre todos lanzarse a la dura y ruda posibilidad de un hallazgo.

Algunos Colectivos con padres empeñados en el apostolado desde hace muchos años.

A veces, cacareando con auxilio de personal burocrático del gobierno.

Otros, quizá la mayoría, solos.

Y con frecuencia, denostados por la autoridad como si las tribus políticas los miraran y trataran con desdén y menosprecio.

Y vieran y sintieran en ellos a peores enemigos que los malandros.

La pesada carga, por ejemplo, de los padres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

Pero si sumamos tantos hijos y familiares secuestrados y desaparecidos en el Estado Libre y Soberano, ajá, de Veracruz, en el territorio jarocho existe montón de Ayotzinapas.

Y de igual modo como en Ayotzinapa, aquí, la impunidad.

Vaya, hasta con el populismo barato y ramplón como ofrecer una recompensa de 350 (trescientos cincuenta) mil pesos a las personas aportando datos para encontrar a un desaparecido.

Pero más aún, para ubicar criminales, secuestradores y, hasta, digamos, autores de fosas clandestinas.

Más allá de los tegogolos y pambazos y carnavales y flores más bellas del ejido, “Veracruz está de moda” porque aquí somos un reino infernal.

El reino de Luzbel.

La violencia por un lado y la impunidad por el otro.

El terror y el pánico en cada amanecer estrangulando “La Bamba”, “El tilingo lingo” y “El querreque”.

Y ni “La marcha de Zacatecas” es y ha sido suficiente para exterminar (el verbo más querido de Nahle) la incertidumbre y la zozobra.

El rostro social

1. Feminicidios.

2. Políticos y líderes partidistas asesinados.

3. Secuestro, desaparición y asesinato de trabajadores de la información.

4. Número incalculable de desaparecidos. Niños. Chicas. Jóvenes. Mujeres. Hombres.

5. Más fosas clandestinas.

Por eso, cientos, miles de ciudadanos se han abstenido (y desde mucho tiempo) de salir de noche a reuniones sociales y a la calle.

Por si las dudas, digamos, una bala perdida, ajá…

En las iglesias y templos, los feligreses, con los sacerdotes, rezan por la paz.

Pero, todo indica, ningún Ser Superior escucha las plegarias.

Son plegarias desatendidas.

En la antigua Grecia, los griegos convocaban a los héroes, empezando por el jefe máximo, Zeus, para restablecer la vida tranquila.

Vaya sueños políticos…

En su sexenio, el presidente Enrique Peña Nieto soñó terminar la violencia con la siguiente estrategia:

Que los periódicos y noticieros dejaran de publicar noticias policiacas.

En su sexenio, el presidente Felipe Calderón Hinojosa envió al Ejército a la calle para combatir (y exterminar) a los malandros.

En su sexenio, el presidente Andrés Manuel López Obrador pidió “abracitos y besitos” para los malos “porque también son seres humanos”.

Un procurador de Justicia de Nuevo León advirtió:

“Ni Supermán acabaría con la violencia organizada”.

Ahora, la mitad de medios informativos y parte de la otra mitad encumbran al secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch, como el Supermán desapareciendo la inseguridad en el país.

Solo que Veracruz despierta alergia a Supermán… asmático como es a la kriptonita.

La vida, bella, dura y ruda

79 (setenta y nueve) gobernadores después (una sola mujer), en Veracruz, simplemente, se vive con miedo.

El miedo, por ejemplo, a una bala perdida en un tiroteo.

El miedo a un secuestro… y en casa.

El miedo a una desaparición incierta.

El miedo a un crimen.

El miedo a una fosa clandestina.

El miedo a estar, digamos (y como dicen los expertos), a estar en un lugar equivocado en el momento equivocado.

Más, porque cuesta mucho, demasiado, encontrar un poquito de felicidad y dicha en cada amanecer.

La vida… como es.

Bella, cierto. Pero más, mucho más dura y ruda.

En el fondo y el trasfondo, el fracaso social de las tribus políticas.

Sean del color que sean.

Un Gólgota jarocho

Veracruz, un río impetuoso de sangre espolvoreada aguas abajo.

Un afluente más del río nacional.

Cada hecho delictuoso como una crucifixión social en el Gólgota.

Entonces, solo resta arrodillarse en el templo y la iglesia para rellenar las neuronas, el corazón y el hígado con un bañito de optimismo.

Ningún consuelo rezar…

En Veracruz, la violencia descarrilada separa a gobernantes de gobernados.

Pero la angustia y la esperanza unen a los ciudadanos.

Unos a otros malandros se asesinan.

Secuestran, extorsionan y desaparecen y matan a la gente común y sencilla.

Los entierra en fosas clandestinas.

Vaya paradoja, resulta difícil confiar en Dios ocupado como está con los frentes bélicos en el otro extremo del mundo.

Y en rara y extraña conjunción, rezar por la paz como pide la iglesia ningún consuelo significa.

Los tiros y balazos siguen y se reproducen como los conejos…

Granitos de maíz cayendo…

La vida familiar… después de un secuestro.

Días, semanas, meses, años incluso, sin una noticia del hijo o pariente plagiado. Y desaparecido.

La familia dando vueltas y vueltas.

La familia sin entender ni comprender las razones del por qué el hijo, la hija, fueron secuestrados.

La vida hoy (y desde hace ratito sexenal) en Veracruz.

¡Ay, gran flaco de oro (Agustín Lara) con su “algún día a tus playas lejanas he de volver”…

En vez de la certidumbre, la nostalgia y la angustia.

El Veracruz del pasado.

El Veracruz del presente.

El presente, rehén del pasado.

Cada semana, más muertos.

Cayendo en los cuatro puntos cardinales desde Tampico Alto hasta Las Choapas como si fueran granitos de maíz…

Veracruz… desgarrado.

Y únicamente acariciando y teniendo planes y sueños (Juan Villoro), la vida, tan generosa, permitirá cumplirlos.

Posdatita: “La muerte tiene permiso”, novela de Edmundo Valadés.

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