La Virgencita de Guadalupe camina en el país.
En carrera de relevos, el objetivo final es llegar a Nueva York el 12 de diciembre y para el gran festejo en Estados Unidos.
La única bandera social, la solidaridad con los cuarenta millones de mexicanos en el otro lado.
En el tiempo del presidente Donald Trump y su feroz cacería contra los ilegales y los legales.
El 29 de agosto, la carrera de relevos partió de la Basílica.
Esta semana pasó por Coatzintla, en el norte de Veracruz.
Siguió a Álamo, el centro neurálgico del infierno delincuencial.
Continuó a Tamalín.
La carrera extraterritorial se llama “La Antorcha Guadalupana México-Nueva York”.
Lo dijo un Sumo Pontífice: “Nunca la Virgen de Guadalupe ha hecho lo mismo por otro país como en México”.
Tremendo golpe político al sentido religioso de la llamada “república amorosa”.
Mejor dicho, a la república guadalupana.
Mientras, la Virgencita ahí va… con sus jóvenes deportistas.
Todos devotos.

