En Miami, las mujeres migrantes tanto mexicanas como latinas tienen una Hada Madrina. Se llama Karla de Anda y es mexicana. Hace 25 (veinticinco) años llegó a Miami como migrante, sufrió y padeció el mismo infierno de hoy, luego, se hizo voluntaria en una ONG, organización no gubernamental; ahora ella es su propia ONG.
Más, mucho más, en un Estados Unidos con una política migratoria endurecida. Por un lado, la migra deteniendo a mujeres (y hombres, claro) por el simple hecho de mirar y caminar y correr como mexicanos, listos para los arrestos, las deportaciones y, de paso, la separación de hijos; por el otro, el maltrato de las señoras y los señores que las contratan.
Por ejemplo, mujeres a quienes la patroncita quita el pasaporte para evitar que se vayan, así nomás, quitándose el delantal. Mujeres cuidando niños, adultos mayores y hasta perritos; durmiendo en el garaje de la casa de la patroncita en medio de trebejos y latas con basura y hasta con una cámara de vigilancia, de 7 de la mañana a las once de la noche.
Mujeres migrantes a quienes les suelen pagar 730 (setecientos treinta) dólares… al mes, además, de los malos tratos.
Karla de Anda en defensa de todas ellas.
Gran reportaje en El País del reportero Antonio Belchi.
