Eran cuatro hombres.
Los cuatro iban a un velorio.
En un taxi.
En la carretera Barillas – Coatzacoalcos.
Jacob Vicente Jiménez González.
Abraham Torres.
Camilo Silva.
Carlos Rojas.
Entonces, la policía de la secretaría de Seguridad Pública detuvo el taxi.
De pronto, zas, eran once los policías blindando el taxi.
Así, los polis encañaron a los cuatro hombres.
Ordenaron bajaran del taxi y los desaparecieron.
Desde entonces.
Hace once años.
Once años.
Once policías.
Sexenio de Javier Duarte, aquel de que “aquí no pasa nada”.
Pero… pasaba.
Cuatro ciudadanos desaparecidos.
Nunca llegaron al velorio.
Jamás la familia ha vuelto a saber de ellos.
Ahora, los once policías fueron detenidos.
Y, se entiende, sujetos a proceso penal por desaparición forzada.
“Un delito de lesa humanidad que nunca prescribe”.
Preguntita: ¿Los once policías estatales actuaron por voluntad propia?
¿Obedecieron a un jefe superior?
¿Fueron los policías los autores intelectuales?
¿Hay, habrá, autores intelectuales de aquella desaparición forzada?

