Primer pecado mortal en la 4T en Veracruz, era Nahle: presuntos actos de corrupción.
Segundo: abusos laborales.
Tercero: personal amenazado.
Cuarto: trato despótico de los jefes de jefes.
En el hospital de Yanga.
Por lo pronto, ajá, cesado el contador Quetzal Rubén Vázquez Portilla.
Encargado administrativo del Hospital General de Córdoba Yanga, conocido como Hospital Yanga.
El manotazo… desde Xalapa.
Las denuncias contra Vázquez Portilla acumuladas durante meses.
Y a pesar de las quejas de los burócratas, hasta apenas, apenitas, ahora, fueron escuchados.
Vaya, “presuntos cobros indebidos en nómina y sin justificación”, claro.
Lo peor entre lo peor: trato despótico.
Casi casi con un látigo en la mano como en el tiempo de las haciendas porfiristas.
Trato ofensivo, denigrante, a la vida humana.
Los jefes hospitalarios creyéndose dueños de los hospitales.
Los Odorico Cienfuegos de Veracruz en el siglo XXI.
Los mandamases.
Y en el tiempo, caray, de la izquierda ejerciendo el poder en Veracruz.
“Aquí mando yo” dijo siempre la exfiscal general de Cuitláhuac García Jiménez.
Bien dice el filósofo de Güemez: “La izquierda… es un chiste”.

