Desde Veracruz, un Colectivo, el Solecito, integrado con madres y padres con hijos secuestrados y desaparecidos, truena (una vez más) en contra del exgobernador Javier Duarte.
Duarte, viviendo en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México.
Desde hace más de nuevo años.
Y por otros delitos.
Menos, desaparición forzada.
Incluso, le abrieron una investigación por la desaparición forzada de un policía y sus abogados la tumbaron.
Ningún otro exgobernador ni político enfrentando, por ahora, tremendo “delito de lesa humanidad”.
En las calles jarochas, el Solecito solicitando que Duarte sea acusado “del probable delito de desaparición forzada”.
Sexenio aquel, por ejemplo, de la desaparición de doce, trece edecanes de Xalapa desaparecidas después de una fiestecita en un rancho de Atoyac.
Tiempo aquel de los siete policías de Úrsulo Galván secuestrados y desaparecidos.
Tiempo de cinco muchachos de Xalapa desaparecidos.
Tiempo de otros cinco chicos (una mujer, menor de edad, y cuatro muchachos) de Playa Vicente secuestrados y desaparecidos en la carretera de La Tinaja a Tierra Blanca.
Y de acuerdo con las versiones de los padres de familia (en plantón permanente en Tierra Blanca) secuestrados por elementos policiacos y entregados, y con vida, al jefe narco de la región.
Tiempo del montón de cadáveres arrojados en la barranca “La aurora” de Emiliano Zapata.
Tiempo de la desaparición del hijo de la maestra Lucía Díaz Genao y de la activista Aracely Salcedo.
Aracely Salcedo encarando a Javier Duarte en una girita en Orizaba y clamando la aparición de su hija Fernanda Rubí.
En una lona del Solecito en la marcha jarocha la siguiente leyenda: Javier Duarte merece pasar “el resto de sus días en prisión”.
Duro y rudo.
Casi casi maldición apocalíptica.
Nadie, claro, claro, claro, acusa a Duarte de la autoría intelectual de la violencia en su sexenio.
Pero era el jefe máximo de Veracruz.
El góber.
El jefazazo del Poder Ejecutivo estatal.
Y bien pudo asestar manotazo para frenar, disminuir, acotar, la violencia avasalladora de su tiempo.
Era el piloto de la nave.
El capitán del equipo.
El mero mero.
