Los migrantes están padeciendo un infierno inacabable; en sus vidas, los jinetes del Apocalipsis.
El último, el derribo de drones en la frontera de México y Estados Unidos utilizados por la delincuencia organizada y “traficantes de personas para conocer los movimientos de las autoridades” (La Jornada).
Primer infierno: Todos huyendo de sus pueblos y entidades federativas ante la manifiesta incapacidad de las tribus políticas para animar y reanimar la creación de empleos dignos con salarios justos de acuerdo con la faena laboral y con las prestaciones económicas, sociales y médicas de ley.
Segundo infierno: Las caminatas extenuantes, por ejemplo, de América Central (Guatemala, Honduras y El Salvador) a la frontera norte de México con Estados Unidos.
Tercer infierno: En el camino el acoso de los malandros, de los “polleros” y de las policías.
Cuarto infierno: el cruce de México a Estados Unidos por el río Bravo y el desierto. En el río y el desierto el riesgo de ser incautados por la policía o de morir ahogados o asesinados en el desierto por los rangers.
Quinto infierno: La feroz persecución y cacería de migrantes en Estados Unidos.
Sexto infierno: la separación de sus hijos en cárceles exprofeso listo para ser deportados.
Séptimo infierno: el miedo, “el miedo al miedo”, el terror, el temor y el pánico a la terrible y espantosa pesadilla de la cacería de la policía migrante.
Todo… porque en sus países hay déficit de empleos.
