La Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) insiste: en México, “corrupción gubernamental de funcionarios de alto nivel con los cárteles de la droga”.
El director general, Terry Cole, es preciso: en la manufactura y tráfico de drogas y en el robo de combustible.
Entonces, redondea: la DEA intercambia información con México y apoya operativos en el territorio mexicano.
El caso más conocido fue, dice, contra “Los Chapitos”, los hijos de Joaquín Guzmán Loera, condenado a cadena perpetua en Estados Unidos; pero también contra el Cartel Jalisco Nueva Generación, en su momento, y contra el Cartel de Sinaloa, en donde también, asegura, está la mano de políticos mexicanos.
Por lo pronto, un caso indicativo y significativo con el exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, acusado por Estados Unidos de alianza con los carteles.
Además, involucrados nueve políticos y funcionarios más de su sexenio.
Rubén Rocha, renunciado en par de ocasiones como jefazazo del Poder Ejecutivo estatal.
Primero, separado del cargo.
Segundo, cuando después de más de cien días fuera de la silla embrujada del palacio de Sinaloa decidió regresar.
Claro, claro, claro, acelerado por algunos amigos políticos.
Así, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo asestó manotazo y los 23 gobernadores de MORENA se fueron en su contra y Rubén Rocha apenas, apenitas, duró un día y unas horas como góber precioso y renunció.
Fue lo mejor dijo Sheinbaum.
El otro caso emblemático con el expanista Ernesto Ruffo Appel, exgobernador de Baja California, preso por huachicolero, y el ex góber de Guerrero, el priista Ángel Heladio, preso por ocultar información sobre la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa en donde estuvieron involucrados los carteles de Guerrero.

