En Baja California, dos grupos políticos frente a frente, cara a cara: el grupo de la gobernadora Marina del Pilar Ávila, de MORENA, y el grupo de su antecesor, también de MORENA, Jaime Bonilla.
En el palenque, el escándalo sobre la visa de la gobernadora retenida en Estados Unidos.
Según ella, Jaime Bonila le tendió una trampa.
Fue, dice, “una emboscada sicológica” (El País).
Bonilla le envió un mensajero, paisano radicado en EU, para informarle que estaba en la mira del gobierno norteamericano, la razón de la cancelación de su visa y la de su esposo en aquel entonces, Carlos Torres.
Entonces, el mensajero se ofrecía para ayudarle.
El tema, asienta, fue la visa.
En ningún momento su colaboración para operativos del FBI en México.
Ahora, el pleitito entre Marina y Bonilla convertido en un problema tanto para MORENA como para la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Igual, igualito, como sucede, qué caray, en todos los partidos políticos, en todos los grupos sociales y hasta en grupos amicales.
Más, en el caso, el gran pleito por el poder público.
La silla embrujada del palacio.
Marina ha interpuesto una denuncia en la Fiscalía por “filtración de conversaciones para recuperar su visa”, pero el caso ha enlodado al partido obradorista y a la presidenta.
En el palenque político, los dimes y diretes.
Multiplicado con los casos de los ex gobernadores de Tabasco (Adán Augusto López Hernández) y de Sinaloa; ambos… de MORENA.

