El peor agravio a Nahle

➦Se lo dijo la madre de una niña que murió por cáncer cerebral ➦Una mujer sencilla sin filiación partidista ➦Descontento social germinando en Veracruz ➦Reino de Pobrilandia la tierra jarocha
Encara una madre a gobernadora Rocío Nahle por desabasto de medicamento/Foto: redes sociales

Por luis velázquez rivera

 

Hay una frase sencilla, común y bella, bien puede considerarse el resumen de veinte meses del sexenio de Nahle, la góber preciosa.

Fue expresada en su red social por una madre con una hija fallecida por cáncer cerebral; una madre quiso hablar con Nahle durante su visita al hospital regional, pero se lo impidió, curiosamente, una mujer escolta.

Además, horas antes, el menosprecio y el desdén de Nahle por las madres denunciando el desabasto de medicinas en los hospitales públicos y Centros de Salud.

Incluso, madres boteando en la calle para comprar medicinas, tan caras, para los hijos enfermos.

Vaya, se trata de la frase más dura y ruda pronunciada en los casi dos años de la era Nahle.

Ni siquiera, por ejemplo, alguna frase lapidaria de los dirigentes políticos opositores, los diputados opositores, los presidentes municipales opositores.

La frase icónica y simbólica retratando el ejercicio del poder en el sexenio de la primera gobernadora, originaria de Zacatecas, de igual modo como, por ejemplo, fue el primer gobernador de Veracruz, Guadalupe Victoria, originario de Durango, y como, por ejemplo, el porfirista Luis Mier y Terán, primero de Oaxaca y después de Veracruz; y el general Heriberto Jara, primero, gobernador en el viejo Distrito Federal, luego en Tabasco y después, en Veracruz.

La frase es la siguiente: “¡Qué lástima me das!”.

Cuatro palabritas lapidarias.

Lacónica y contundente englobando el estado de ánimo político y social de parte indicativa de la población de Veracruz con el estilo personal de gobernar de “La señora de Zacatecas” como le llaman.

Una cosita es el rechazo ciudadano a un político, cualquiera sea el cargo público; otra, el desencanto por sus declaraciones y hechos; otra, el resentimiento; otra, el odio.

Pero de acuerdo con el sicólogo del barrio, por encima del cuarteto de actitudes anteriores se manifiesta cuando a una persona, a un gobernado, el político inspira lástima, mucha lástima, a los gobernados.

Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra lástima significa pena, compasión, piedad, el lamento de un suceso desfavorable, una persona estropeada por la vida.

Pero, bueno, y aun cuando Nahle ha tenido una carrera meteórica en política y gracias a AMLO, el ex (diputada federal, senadora, secretaría de Energía, la creación de la Ley Nahle y gobernadora), es, ha sido en el ejercicio del poder en Veracruz donde ha merecido el adjetivo calificativo de frase bíblica: “¡Qué lástima me das!”.

Y hasta donde se recuerda, si se recuerda bien, nunca un jefe del Poder Ejecutivo (78, setenta y ocho) gobernadores ha merecido el epíteto.

Cuitláhuac García Jiménez, el rey de la salsa y el danzón.

Javier Duarte, el “Aquí no pasa nada” cuando pasaba.

Ni siquiera, vaya, Miguel Alemán Velasco cuando en su sexenio se incendió el mercado Hidalgo en la ciudad jarocha con 29 (veintinueve) muertos y cuando le preguntaran los medios las razones de su ausencia, dijo: “¡No soy bombero!”.

Y como si nada, en efecto, hubiera pasado.

Tampoco con Agustín Silvestre Acosta Lagunes con su “Sonora Matancera” y exclamando: “Ni modo, la violencia es inevitable”.

Ni cuando el góber porfirista, Luis Mier y Terán, ordenó asesinar a nueve jarochos inconformes con una reelección más de Porfirio Díaz Mori y en la avenida Independencia, una viuda sosteniendo en la mano a su hijo, le dijo:

“Hijo, conoce al asesino de tu padre”.

Y Mier y Terán “aguantó vara” y siguió caminando.

El mismo caso cuando en Orizaba, Javier Duarte fue encarado por la activista Araceli Salcedo, a quien le secuestraron y desaparecieron a su hija Fernanda Rubí y Duarte continuó caminando aprisa y de prisa.

Y sin contestar.

 Por sus apodos los conoceréis…

En el segundo tramo del siglo anterior, en el palenque político unos gobernadores merecieron el prefijo Ch, ejemplos: Antonio M. Quirasco: el Chato; Marco Antonio Muñoz Turnbell: el Chulo; Fernando López Arias: el Chueco; Rafael Murillo Vidal: el Chocho; Rafael Hernández Ochoa: el Charro; Fernando Gutiérrez Barrios: el Chulo; Patricio Chirinos Calero: (el sargento) Chiricuto; Miguel Ángel Yunes Linares: el Chucky. Con Cuitláhuac García derivó a la C: el Cuícaras; y con Nahle, primero, “La señora de Zacatecas”, ahora, “¡Qué lástima me das!”.

Sencillamente, el genio jarocho.

El gran sentido del humor.

La finura.

Más cuando se vive de cara al mar (el Golfo de México) pues la brisa marina influye en la formación del carácter, el temperamento, la chispa y la jiribilla.

Por cierto, famoso el pueblo de Alvarado porque los habitantes son bautizados con un apodo.

Incluso, en el siglo anterior, la Casa de Cultura imprimió un libreto con un número insólito de sobrenombres, pues la población había olvidado el nombre original de la mayoría.

De paso, la chispa de la vida con el filme cinematográfico del actor Silverio Palacios “Loco México mágico” y en donde interpretando a un presidente municipal por su ocurrencia de ser gobernador termina en la cárcel acusado de desvío de fondos públicos.

La herencia social

 Recuerdos y legado imborrable de algunos mandatarios: Antonio López de Santa Anna: tres veces gobernador. Y cuando se aburría de mandar agarraba camino acompañado de una mulata para apostar a los gallos y jugar naipes de pueblo en pueblo.

Teodoro A. Dehesa: el asesinato de trescientos obreros textiles de Río Blanco en huelga y cometido por militares porfiristas.

Y el silencio de Dehesa.

Luis Mier y Terán: ejecutar por la espalda y el tiro de gracias a nueve jarochos sublevados a una reelección más de Porfirio Díaz.

Jorge Cerdán: en la década de 1940, el crimen de cuarenta mil agraristas en lucha por la tierra ante latifundistas.

Agustín Silvestre Acosta Lagunes: “La Sonora Matancera” integrada por caciques y pistoleros.

Javier Duarte. Veracruz, “el peor rincón del mundo para el gremio reporteril” con diecinueve reporteros asesinados más tres desaparecidos.

Cuitláhuac García Jiménez, el sexenio de los feminicidios.

¿Cuál es, veinte meses después, el legado de Nahle?

En tanto, los veinte meses resumidos en la frase de la señora madre de la hija que murió de cáncer: “¡Qué lástima me das!”.

Veracruz, sin historiadores

Fundada en 1957 la facultad de Historia de la Universidad Veracruzana, rector Gonzalo Aguirre Beltrán, hasta donde se sabe, si bien se sabe, se ha mantenido lejos de la historia política de la entidad jarocha.

Por ejemplo, y más allá de los informes de gobierno de cada mandatario, poco, muy poco, se conoce del periodo constitucional de cada jefe del Poder Ejecutivo estatal.

Menos, mucho menos la historia oscura de cada uno.

En todo caso, lo bueno y lo malo, lo positivo y lo negativo, simplemente el legado político, social y económico.

Cierto, hay uno que otro libro escrito por historiadores, pero nada del estilo personal de ejercer el poder de cada uno de los 78 (setenta y ocho) gobernadores que han sido.

Uno de los egresados, Enrique Florescano, especializado en historia regional, pero del país; Veracruz le quedó chiquito.

El presidente José López Portillo le llamaba “el localismo empobrecedor”.

Pobrilandia, “Veracruz de moda”

Nahle, con el desdén a los pobres.

La gente en la miseria.

Los pobres creando y recreando “el Veracruz de moda”, a saber, Pobrilandia.

El nuevo Veracruz.

Rudeza innecesaria con su escolta, una mujer, confrontando a madre de familia con hijo enfermo de cáncer.

Todo por defender a Ramos Alor.

Pero ¿vale la pena “tirar la espada en prenda por Ramos Alor?

Ramos Alor parece con sus desplantes un camorrista de taberna de paso y el doctor ahí sigue, en el tercer cargo público a la sombra de su jefa y amiga.

Su Superman, mejor dicho, su Batichica.

El desdén a la madre con hijo con cáncer significó un agravio al montón de madres de familia en igualdad de circunstancias y desventuras.

Digamos, una muestra del estilo personal de ejercer el poder.

Más alá de la insensibilidad de Nahle…

Y lejos, lejitos, del triunfalismo de Ramos Alor…

Y del coraje social de la madre bragada…

Están los niños con cáncer.

Y los niños… sufriendo.

Y sin medicinas.

Y los niños moribundos.

Muriendo en cada amanecer.

Ninguna autoridad los escucha.

Ni tiene voluntad para escuchar ni menos para oírlos.

Y menos cuando las tribus políticas están ocupadas en los lavaderos de los dimes y diretes.

Y lo peor, Dios, el Ser Superior, sin tiempo para mirar a Veracruz.

El tiempo sexenal es corto.

Ya se han evaporado veinte meses.

Y en veinte meses únicamente se escuchan las pisadas de la gente pobre en el Reino de Pobrilandia marchando en las calles con terribles derrotas porque en la 4T privilegian la autocracia.

Los políticos perfectos.

Impecables.

Puros.

La utopía.

Ajá.

En Veracruz, el tiempo del descontento social germinando en el surco fértil.

 

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