Y ni hablar, Guadalupe Taddei, fue renunciada a la presidencia del Instituto Nacional Electoral, INE.
Un día antes advirtió: “No me voy del INE”.
Un día antes la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo dijo: Ninguna “sospecha de corrupción” en los funcionarios públicos.
Simplemente, Taddei fue renunciada por la presunta corrupción con contratistas.
Y lo de su chofer ganando casi cincuenta mil pesitos mensuales, lo de menos.
El periódico Reforma y el periodista Carlos Loret de Mola prendieron la mecha.
Y el asunto político y periodístico brincó a otros niveles.
Incluso, vaya, llegó al Palacio Federal.
La Auditoría Superior de la Federación había documentado irregularidades por 63 (sesenta y tres) milloncitos de pesos como publicó La Jornada en portada y a ocho columnas y videos que muestran al contratista favorito del INE paseando al hijo de Taddei en Francia: “París a tus pies, chamaquito”
Todo, precisó Taddei, “un asunto político” las críticas en su contra.
Incluso, con todo y que los legisladores de MORENA analizaban una salida para cubrir al eventual relevo.
Ni modo, cayó una MORENA.
¡Y vaya Morenista poderosa!
Conflictos de intereses.
Colusiones.
Negocitos triangulados.
¡Ay, la corrupción priista dominando en las tribus políticas de Morena!
Lo decía el presidente José López Portillo: “La corrupción… somos todos”.

