Una moda, caray, anda por ahí en el mundo: Dejar de bañarse… para volverse atractivo sexual.
El argumento, ajá, es que el baño mata las feromonas y el hombre pierde en automático la posibilidad de conquistar al sexo opuesto.
Incluso, hay hombres para quienes el olor de las axilas y hasta de los pies son fetiches.
La fama, por ejemplo, de que a los intelectuales les choca y fastidia bañarse.
Un hombre dice: “He dejado de lavarme el pelo y ahora tengo más pegue” (El País).
Otro hombre exclama: “No me baño, pero tampoco apesto y maximizo mis feromonas”.
Los expertos lo advierten con cuatro palabras: “La gente se confunde”, por ejemplo, el sudor y las bacterias son peores; el sudor es inodoro”.
Con todo, la tendencia anda por ahí y en el mundo.
Por eso, el rey del rock, Elvis Presley, solía bañarse todos los días y hasta dos, tres veces, obsesionado con la limpieza corporal, con todo y su fama y éxito entre las mujeres.
En fin, como reza el dicho popular, “de todo hay… en la viña del Señor”.
