En Veracruz, la violencia adquiere nueva forma. Apocalíptica, incluso. Por ejemplo, la población haciéndose “justicia por mano propia”.
El histórico lema universal: Ojo por ojo. Diente por diente. Cadáver por cadáver.
Mejor dicho, un cadáver por tres cadáveres.
Punto uno: en Minatitlán, secuestrado y desaparecido el ganadero Uriel Valenzuela, de 36 años de edad.
Punto dos: Su cadáver apareció flotando en el río Coatzacoalcos.
Punto tres: El viernes 8 de mayo, la Policía Comunitaria en Moloacán, lugar de arraigo del ganadero originario de Michoacán, organizador de carreras de caballos, mostró el puño y las bíceps y se lanzó a la búsqueda de los asesinos. Los hombres, armados, trepados en aproximadamente veinte camionetas.
Punto cuatro: entonces, localizaron a tres (presuntos) culpables.
Punto cinco: y simplemente hicieron justicia.
La famosa “justicia por mano propia” y los mataron.
Punto seis: así, comenzó el tiroteo en varios puntitos de la zona rural sureña.
Punto siete: en versiones, que la policía estatal tiene cuatro detenidos.
Ahora sí, como afirmaba aquel vejete del barrio en el siglo pasado, un caso para “la mujer araña”.

