48 (cuarenta y ocho) selecciones y 104 (ciento cuatro) partidos.
¡Ah, y boletos de hasta treinta mil dólares!
Y según la demanda.
En el sube y baja.
El negociazo, pues.
Negociazo, también, de las televisoras.
La mayor parte del mundo verá los partidos desde su casa, con la familia y amigos.
Y, claro, claro, claro, con unos cartones de cerveza.
Y cervecita bien fría.
Y botanita.
En Qatar, por ejemplo, un boleto, 1,600 dólares.
En Rusia, un boleto, 1,100 dólares.
La FIFA puso boletos en 8,680 dólares.
Más el transporte de cada fanático.
Más las comidas.
Más el hotel. Vaya, unos partidos cuestan más que el salario mínimo completito de un mes.
Se ignora si la chica indígena de la sierra de Zongolica a quien la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo le obsequió su boleto inaugural al fútbol en la Ciudad de México estará en el estadio.
Shakira, la reinaza del balanceo corporal, en la inauguración estelar.
Cantando, desde luego, estremeciendo a la mitad del mundo y a la otra mitad con el bamboleo de sus caderas.
En la tele, caray, festinando que la Selección Mexicana bien, bien, bien… podría coronarse campeona.
Vendiendo esperanzas baratas y demagógicas.

