El chapopote derramado en el Golfo de México, según que por un Buque Fantasma (ajá), sigue fracturando a la población y al gobierno.
Incluso, el chapopote se ha convertido en una peor pesadilla que Joaquín Guzmán Loera, El Chapo.
Y al chapopote bien se le podría denominar “El Chapo Dos”.
En Actopan, por ejemplo, los pescadores enardecidos porque desde hace semanas incapacitados para pescar.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo revelando, caray, que han enviado novecientas toneladas de “El Chapo Dos” a plantas de tratamiento en Veracruz, Tabasco y Tamaulipas.
Y Veracruz en la mira apocalíptica.
Por eso, incluso, “está de moda”.
Primero, el chapopote.
Después, las tortuguitas muertas.
Ahora, el sargazo.
Las playas de Coatzacoalcos alternando entre el chapo y el sargazo.
En Papantla, la población declarando daños a la salud y el medio ambiente en las comunidades indígenas.
El chapo nadando en el río Cazones, a la altura, además, de Poza Rica.
Luego de que el Movimiento Ciudadano llevó una cubita con chapo al Congreso federal ahora arremetiendo contra Cuitláhuac García Jiménez por desaparecer el Fondo Ambiental.
Insólito: El Congreso local a cargo del jesuita, zapatista y profesor, prohibiendo que el Palacio Legislativo se hable del chapopote.
La Ley Mordaza… en su plenitud.
Y, claro, para quedar bien.
Órdenes superiores.
Prohibir el asunto en las curules cuando la mitad de la población de Veracruz y casi casi la otra mitad habla de “El Chapo dos”.
Y lo peor, decenas, cientos, miles de familias en la jodidez pescadores al fin.
Los pescadores pescando chapopote en vez de pececitos para vender.
Los restaurantes y fonditas de pescados y mariscos y anexos y conexos cerrados y/o en todo caso con bajísima demanda.
Nadie, claro, desea comer un filetito de pescado, unos camarones en coctel… con chapopote.

