El país, ya de por sí, en la llamada austeridad republicana.
Ahora, una austeridad más dura.
Se llama austeridad franciscana.
Mejor dicho, “más que franciscana”.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo anuncia más recortes.
Se insiste, “más que franciscanos”.
En todos los gastos.
Todos, dice.
Incluso, la bequita bimestral de unos seis mil pesos, aprox., a los niños escolares.
Los jóvenes que “ni estudian ni trabajar”.
Los campesinos sembrando.
Las madres solteras.
Las mujeres y hombres a partir de 60 años de edad
El objetivo es garantizar los apoyos sociales.
Sostener el precio de la gasolina.
Y vigilar con lupa los precios de la despensa básica.
Anexos y conexos.
Vaya, ordenó al secretario de Hacienda fuera y de sorpresa al mercado para checar precios y el ministro de Hacienda confirmó precios elevados, entre otros productos, en el tomate, las calabacitas y la carne.
Y la vigilancia seguirá hasta con lupa.
Esta semana, Sheinbaum se reunirá y de emergencia con los gasolineros y con los productores agropecuarios.
Austeridad franciscana se llama.
La austeridad franciscana de los monjes.
Y de San Martín de Porres.
Y de los indígenas.
Y los campesinos.
Seis de cada diez habitantes del país, en la miseria, la pobreza y la jodidez.
Cuarenta millones de mexicanos y de los cuales un millón son jarochos en Estados Unidos como migrantes.
Todos, “buscando la papa” para la esposa, los hijos y los padres ancianos.
Un país rico y pródigo en recursos naturales y habitado por gente jodida.
Y de sexenio en sexenio.
El lastre bíblico.

