A tono con su filosofía personal de gritar e intimidar, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump se ha endurecido con el gobierno cubano.
Uno, más sanciones.
Dos, aranceles secundarios.
Tres, mayor embargo energético.
Cuatro, bloquear la minería, los servicios financieros, la energía y la defensa.
Y cinco, congelar las cuentas bancarias de bancos que se presten al juego cubano.
Incluso, el bloqueo bancario en Wall Street.
Trump amenazó otra vez a Cuba desde Florida, paraíso terrenal de cubanos exiliados.
Fue categórico: Después de viajar a Irán en el avión más poderoso del mundo hará escala en Cuba.
Y los cubanos le dirán “nos rendimos”.
En la listita de la Casa Blanca, Venezuela, con Nicolás Maduro.
Luego, aliado con Israel, el bombardeo a la Franja de Gaza.
Y en donde el trascendido son los negocios inmobiliarios encabezados por su yerno famoso.
El sometimiento de Irán.
Las amenazas de comprar Groenlandia.
Su nombre al lujoso salón de baile en proceso de construcción en la Casa Blanca.
Y, claro, en la mira, y por lo pronto, un político mexicano acusado de narcotráfico y posesión de armas.
El góber precioso de Sinaloa, Rubén Rocha, y quien ha pedido ya, ya, ya, licencia temporal.
Igual, claro, la licencia del presidente municipal de Sinaloa.
Más ocho funcionarios estatales más compañeros de Rubén Rocha.
