Las horas del Día de las Madres fueron violentas.
Horas previas.
Horas del mismo día.
A tono con el “Veracruz está de moda”.
“De moda”, claro, por los tiros, balazos, emboscadas, rafagueos, secuestros, desapariciones, asesinatos y fosas clandestinas.
Feminicidios… en primer lugar.
En Coatepec, dos hombres asesinados en su casa en Tuzamapa.
En Álamo, un chico ejecutado a balazos cuando comprobaba flores para mamá.
En el bulevar Xalapa – Banderilla, un anciano atropellado por un motociclistas y fallecido.
En Atoyac, una mujer asesinada cuando los malandros la perseguían.
En Tuxpan, seis personas heridas en una carnicería cuando compraban el mandado y comando los rafagueó.
(Una estrategia más para aterrorizar a la población miedo, “miedo al miedo”, terror, pánico y temor.
En Chicontepec, el chofer de un autobús atropelló dos mujeres.
Una murió, quien llevaba un bebé en brazos; la otra quedó herida.
Las horas violentas, desquebrajadas, sembrando la muerte en el surco fértil del territorio jarocho.
Probado y comprobado: la autoridad en el principio de Peter.
No puede.
No ha podido.
Se ignora si algún día, algún día, algún día sexenal… podrá.
El sexenio (cada sexenio, claro) de la muerte.
Lo escribió Edmundo Valadés:
“La muerte tiene permiso”.
Y en el Veracruz de Salma Hayek, Yuri y la parisina Adriana Abascal.
