Victimizada reportera secuestrada y desaparecida

Que tiene antecedentes penales… Que fue detenida por delitos de alto impacto… Que fue capturada por la SEDENA… Que fue internada en la cárcel de Tijuana por secuestro… Roxana Berenice Guzmán Ramírez, la cronista de Nanchital
Sigue desaparecida Roxana Berenice Guzmán Ramírez

Por Ignacio Carvajal

Tomado de Facebook: “En su historial, la comunicadora Roxana Berenice Guzmán Ramírez tiene en su haber al menos tres detenciones por delitos de alto impacto.

Ojo, con lo que voy exponer acá, no quiero decir que ella se merecía lo que le pasó. Para nada, pero las audiencias también tienen derecho a saber esos detalles para entender qué está pasando.

El 30 de abril de 2012 fue detenida por elemento del Ejército Mexicano en compañía de quien en ese entonces era su pareja sentimental, Carlos Fernández Escalante, alias El Loco, fueron detectados por SEDENA a bordo de un coche con reporte de robo cuando circulaban sobre la avenida Cuauhtémoc, en Coatzacoalcos.

Traían cargadores, cartuchos de cuerno de chivo y diversas dosis de droga.

Ese mismo año tiene otra detención por delitos contra la salud, pero en el vecino municipio de Ixhuatlán del Sureste.

También estuvo involucrada como víctima de una privación de la libertad con otras dos personas. Sus captores pedían 10 millones de pesos para regresarlas.

Se reporta que cuenta con un ingreso al CERESO de Tijuana, Baja California. Se desconoce por qué delitos. 

Carlos Fernández Escalante, alias El Loco, su esposo, fue balaceado el pasado 29 de diciembre de 2015 en calles de Nanchital, quedó muy malherido, y sus familiares, con el apoyo de la comunicadora, tendieron una cortina mediática para fingir que había muerto y así se dio a conocer, que había muerto para que sus rivales narcomenudistas dejaran de buscarlo.

Lejos de regresar al buen camino con la segunda oportunidad que le dio la vida siguió por los caminos del mal.

El pasado 10 de marzo de 2017 se le acabó su buena suerte y el teatrito de que estaba muerto: fue cazado y ejecutado en calles de Nanchital, los sicarios hicieron énfasis en su rostro al que le dieron más de 15 balazos para cerciorarse de que ahora si no regresaría de la muerte.

Roxana Berenice Guzmán Ramírez se fue de Nanchital en medio de un fraude con tandas, estuvo fuera varios años y regresó en 2025 para montar una página de noticias llamada Pulso Nanchiteco.

Este es el contexto en el cual se desenvolvía Roxana Berenice Guzmán Ramírez, un contexto duro, oscuro, de personajes impresentables, negocios ilícitos y relaciones peligrosas… Un contexto que las audiencias tienen derecho a saber, conocer, analizar y determinar si se trata de una agresión a la libertad de prensa o un natural y común ajuste de cuentas.

Y no se equivoquen, no estamos validando una narrativa de que “se la llevaron porque se lo merecía”, para nada. 

Desde este espacio alzamos la voz para que las autoridades hagan su trabajo, que busquen a Roxana Berenice Guzmán Ramírez, le exigimos al gobierno que dé con ella y que ponga tras las rejas a la bola de delincuentes asquerosos que se la llevaron.

De lo que sí estamos en contra es de que se quiera poner en el mismo costal a personajes que decidieron su camino apoyando a la delincuencia, viviendo de la delincuencia, junto con Javier Valdez, Miroslava Breach o Regina Martínez, por ejemplo.

Las audiencias deben saber que hay muchos periodistas que viven de engordar este tipo de casos, de sacarles rentabilidad ante el gobierno y ante las ONG’S y conseguir becas, viajes, apoyos, subsidios, proyectos, todo porque se refugian en el papel de víctimas.

O a ver, de los que conocieron a Regina Martínez o Rubén Espinosa, ¿cuántos viajes hizo Regina al extranjero?, ¿cuántos coches se compró Rubén en vida? ¿o cuántas becas les dieron a estos compañeros que fueron asesinados por hacer su trabajo?, la respuesta es cero, ambos, como muchos en el país, vivieron en la medianía franciscana. … 

Ahora chequen cuántos se beneficiaron de sus muertes haciéndose de becas, de viajes, de trabajos en el gobierno, de muchos recursos con ese discurso de víctimas. Un montón. Ni vale la pena mencionarlos.

Y les va otro dato…hasta ahora la prensa local de Nanchital y Coatzacoalcos, la que conoce bien, bien, el contexto de los hechos, no han fijado ninguna postura y miren que allá son bien solidarios cuando se trata de defender la libertad de expresión. ¿No se les hace raro? 

Lean el excelente artículo del periodista tuxpeño, avecindado desde hace más de 20 años en Coatzacoalcos, José Luis Pérez Cruz, se los explica muy bien:

El periodismo no puede ser refugio de delincuentes

Crónicas del Poder

Por José Luis Pérez Cruz,

03 de junio 2026

Es hora de romper las narrativas simplistas

Para muchos, el periodismo sigue siendo uno de los oficios más nobles de una sociedad democrática.

Es una profesión que no siempre nació en las aulas universitarias.

Grandes cronistas, reporteros y narradores construyeron trayectorias memorables guiados por la disciplina, la observación y el compromiso con la verdad, mucho antes de que existieran facultades especializadas en comunicación.

También es cierto que miles de periodistas formados en las universidades han convertido esta actividad en una vocación de servicio público, un auténtico apostolado donde la información se entiende como una herramienta para fortalecer la vida democrática.

La calidad profesional no depende exclusivamente de un título, sino de la ética con la que se ejerce el oficio.

Sin embargo, esa misma nobleza ha sido aprovechada por quienes encontraron en el periodismo una máscara conveniente.

A lo largo de los años, la profesión ha sido ocupada por personas provenientes de diversas disciplinas —abogados, economistas, ingenieros y especialistas de múltiples áreas—, enriqueciendo en muchos casos el debate público. Pero también ha sido utilizada por individuos que buscan algo muy distinto: protección, influencia o impunidad.

El problema surge cuando la credencial periodística deja de ser un instrumento de trabajo y se convierte en un escudo para actividades ajenas a la comunicación.

El sur, con muchos casos

En distintas regiones de Veracruz, particularmente en el sur del estado, han surgido casos que alimentan una percepción preocupante: personajes que se presentan como comunicadores mientras mantienen presuntos vínculos con actividades ilícitas o grupos criminales.

La gravedad del fenómeno radica en que estas conductas no sólo afectan la imagen de quienes las protagonizan. Dañan a toda una profesión.

Cuando una autoridad actúa contra una persona que también ejerce labores informativas, de inmediato surge la sospecha de persecución. Y esa sospecha es legítima en un país donde periodistas han sido víctimas de amenazas, agresiones y asesinatos. Pero precisamente por ello resulta indispensable distinguir entre la defensa de la libertad de expresión y la protección de quienes pretenden utilizarla como coartada.

No todo periodista señalado por una autoridad es culpable. Tampoco toda acción gubernamental contra un comunicador constituye un atentado contra la prensa.

La diferencia debe estar sustentada en pruebas, investigaciones sólidas y absoluto respeto al debido proceso. De lo contrario, se corre el riesgo de criminalizar injustamente a periodistas auténticos o, en sentido contrario, de convertir en mártires a personas que nada tienen que ver con el ejercicio profesional de informar.

Romper las narrativas simplistas

El reto es incómodo porque rompe con narrativas simplistas. No es políticamente correcto decirlo, pero la realidad obliga a hacerlo: la libertad de prensa no puede convertirse en patente de impunidad. Defender al periodismo implica proteger a quienes informan con honestidad, no a quienes utilizan la profesión como cobertura para intereses oscuros. Si esta distinción no se establece con claridad, el daño será profundo. La ciudadanía terminará desconfiando de los medios, las agresiones reales contra periodistas perderán visibilidad y los verdaderos comunicadores cargarán con el desprestigio provocado por unos cuantos. La credibilidad es el principal patrimonio del periodismo. Cuando se pierde, no hay credencial, título universitario ni discurso de victimización capaz de recuperarla. Y esa es una reflexión que la profesión no puede seguir postergando. Y cuidado porque últimamente hay la costumbre de construir “héroes” por solo cargar una libreta o un celular.

Al oído

A escasos 27 días de que concluya el primer semestre de los gobiernos municipales, en el sur de Veracruz comienza a respirarse una sensación incómoda: a varios alcaldes se les agotó el combustible político. La energía de los primeros meses —esa que los llevó a inaugurar hasta una banqueta recién pintada y a caminar colonias bajo el sol abrazador— hoy luce diluida entre oficinas climatizadas, agendas controladas y discursos reciclados. Como locomotoras detenidas a mitad del trayecto, algunas administraciones locales han ido perdiendo fuerza justo cuando la ciudadanía esperaba velocidad, carácter y resultados más visibles.

 

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