Juan Manuel Pozos Castro, a la sazón subsecretario de Gobierno, leyó el diccionario de la Real Academia Callejera para describir el retrato hablado del senador de MORENA, Manuel Huerta Ladrón de Guevara.
Todo, porque tiene y sostiene, dice, una feroz campaña política, social y mediática en contra de la gobernadora.
Así, incendiado y encendido por el amor patrio y patriotero a Nahle, Pozos Castro (quien ha sido militante de la mayor parte de los partidos políticos y con un hijo político acusado de acoso sexual en la función pública) describe a Manuel Huerta: misógino, frustrado, traidor, grillo barato, desleal, calumniador, amargado, desbocado, mal visto; además, “quedándose solo” en la militancia y lucha política desde MORENA.
¡Hosanna, hosanna!
Con tantos epítetos de Pozos contra Huerta, “veinte y las malas” se ha ganado un ascenso en la administración pública del gobierno del Estado.
Vaya, hasta quedarse con la secretaría General de Gobierno del hidalguense Ricardo Ahued Bardahuil.
Más, mucho más, porque Pozos Castro ha salido en defensa de Nahle.
Incluso, Pozos más intenso y volcánico que el jesuita, zapatista (zapatista del subcomandante Marcos), diputado local y líder de la JUCOPO (aquella que maneja el erario), Esteban Bautista.
“Va mi espada en prenda” dijo aquel.
La sagrada y consagrada libertad de expresión… Libertad de pensamiento… Libertad de pensar diferente a los jefes… Libertad para estar, ser y trascender (si posible es) de Manuel Huerta, coaccionada, frenada, bloqueada.
Más cuando la máxima superior de la política de AMLO, el ex, es la lealtad… Lealtad “a prueba de bomba”, más, mucho más que la eficiencia y la eficacia política.
De hecho y derecho, Pozos Castro retrata a Manuel Huerta como el peor entre los peores hombres de la vida pública, más que de Veracruz, del país.
Las pasiones… ya se sabe.
Las pasiones desbordadas que suelen hacer felices y dichosos a los seres humanos.

