Andrés Manuel López Beltrán, Andy, el hijo de AMLO, el ex, como el flechador de la luna, pero seguro, segurísimo de que sus flechas llegarán a la superficie lunar.
Y en el año 2030.
Y como candidato presidencial de Morena, el partido fundado por su padre.
Y de su padre.
De ser así, AMLO, el ex, se convertiría en el primer presidente de México en heredar el poder de la silla embrujada del palacio… a un hijo.
Andy ha dejado la secretaría General del CEN de Morena.
Seguro, segurísimo de ganar la elección de diputado federal por un distrito de Tabasco y camino al Congreso de la Unión.
Y por añadidura, y “veinte y las malas”, será el próximo coordinador nacional de los diputados federales de Morena.
El mero mero.
El jefe de jefes en el Palacio Legislativo.
Y de allí, a chambear la plaza sumando y sumando y recorriendo el país, como su padre, para afianzar el liderazgo.
Simplemente, Andy se ha puesto ya, ya, ya, fuera del círculo político de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Atrás de su propio camino.
Y, claro, asesorado y guiado por su padre, el político que derrotó al PAN y al PRI y partidos anexos y conexos en las urnas.
Y en dos ocasiones.
Primero, ante el panista Felipe Calderón.
Y luego, ante los candidatos panista y priista.
La fuerza total y absoluta del expresidente como gran feeling para su hijo Andy.
Digamos, la sana distancia de Andy de Sheinbaum y la frialdad política y social de AMLO, el ex, ante la sucesora.
El secretario de Seguridad Pública federal, Omar García Harfuch, considerado el favorito presidencial de Sheinbaum, de seguro “sentirá pasos en la azotea”.

