Doce días estuvieron secuestrados y desaparecidos.
Y la búsqueda frenética de la familia, los amigos, los vecinos.
Uno, Abisay Alarcón Guevara.
El otro chico, Félix Antonio Morales Tlaxcalteco.
Ambos, originarios de Xico.
La tarde de ayer lunes el Veracruz turbulento, sórdido y siniestro por encima, y lejos, de esa cosita esotérica llamada “Veracruz de moda”.
Los cadáveres de los muchachos arrojados en la carretera Coatepec a Xico.
El Veracruz que padecimos con Javier Duarte de Ochoa, Miguel Ángel Yunes Linares, Cuitláhuac García Jiménez y ahora con Nahle.
La góber lo dijo muchos meses atrás: “El índice de inseguridad ha bajado mucho. Muchísimo”, pero los hechos cada día y cada semana y cada quincena y cada mes y cada año alcanzan la plenitud del desarrollo exponencial.
El tsunami, más que oleaje de incertidumbre, zozobra, inseguridad e impunidad en su más alto y peligroso y riesgoso decibel.
Dos muchachos más en la lista de la violencia en Veracruz.
Cuitláhuac García, el ex, tan homenajeado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, dejó Veracruz con siete mil cuatro desaparecidos y en el primer lugar nacional de feminicidios en el país.
Más de mil niños huérfanos.

