Desde Veracruz para México.
La corrupción política.
“Cosas veredes, mi querido Cid” exclamó aquel.
En menos de un sexenio, Gabriel Deantes Ramos, primo hermano de ya saben quién, ocupó con Javier Duarte como góber precioso los siguientes cargos:
Uno. Oficial Mayor en la secretaría de Educación.
Dos. Subsecretario de Finanzas y Planeación.
Y, tres: secretario de Trabajo y Previsión Universal.
De hecho y derecho, un político que debió vivir en el Siglo XVIII dada la multiplicidad de su vocación social.
Y en tales cargos públicos, más otro por ahí como representante electoral del PRI, desvió…, se quedó… con cincuenta millones de pesos.
Es el dictamen de un tribunal federal.
El delito: aumento injustificado en sus bienes.
El Tribunal Federal le descubrió cuentitas bancarias por cuarenta millones de pesos.
Más otra cuentita bancaria de ocho millones de pesos como cuenta no reportada en su declaración patrimonial.
Incluso, andaba amparado.
Pero de nada o poco valió.
Enriquecimiento ilícito.
Igual, igualito que tantos y tantos y tantos políticos.
En su tiempo duartista, Gabriel Deantes construyó una mansión en Xalapa bautizada por los vecinos y los conocidos como “Villa Meona”.
Por ejemplo, tenía once baños.
Sala de cine y hasta elevador.
“La plenitud del pinche poder”.
Seis años en la gloria.
Ahora, seis años le esperan en el infierno.
Para qué tantos alardes de pureza, de soberbia y altivez.
De Veracruz para el resto de la nación.
Así, tal cual, se gobierna y ejerce el poder en la tierra jarocha y de cara al Golfo de México.
Hay por ahí una dependencia federal encargada de “Devolver al pueblo lo robado”.
Ya se verá si se la aplican a don Gabriel Deantes Ramos.
Ya se verá…
Caray, cincuenta millones de pesos en menos de un sexenio.
Preguntita incómoda pero obligada y que todos piensan:
¿Sabría Javier Duarte?
¿Tuvo conocimiento?
¿Le informaron?
¿Deantes se fue por la libre y actuaba solo?
¿Ningún Duartista lo detectó?
¿Tan hábil es Deantes?

