Revestir el palacio de gobierno del estado de Veracruz como un espejito brillante y radiante… “Espejito… espejito…”.
Digamos, un palacio digno, ajá… Un palacio revestido de mármol, a tono con el festín del Castillo de Chapultepec habitado por mamá Carlota y su emperador Maximiliano de Habsburgo.
La mamá Carlota tan famosa en Veracruz porque le encantaban los pambazos de Xalapa y a cada rato enviaba a un auxiliar para comprarlos y llevárselos, incluso, para cenas de gala.
Ni hablar, debió llegar al palacio una mujer política procedente de Zacatecas para volver elegante, muy elegante, el palacio.
En el extremo social de Veracruz, “la cruda realidad”: seis de cada diez habitantes del territorio jarocho en la miseria, la pobreza y la jodidez, el desempleo, el subempleo, el anafalbetismo y muriéndose por falta de servicios de salud.
Los salarios indignos que, por ejemplo, en el caso de los egresados de las universidades públicas y privadas llegan a percibir, si bien les va y encuentran una chambita, entre 5 y 6 mil pesitos mensuales; además, la desmedida migración a Estados Unidos (un millón de paisanos jarochos en el país de Donald Trump), la feroz cacería de migrantes.
Por ahora, dos paisanos fallecidos cuando estaban en custodia de la policía migratoria.
Además, Veracruz, campeón y bicampeón nacional en feminicidios y con más de mil niños huérfanos de madres ejecutadas en el tsunami de violencia en los cuatro puntos cardinales de Veracruz y campeón nacional en el asesinato, en la era Nahle, de 22 políticos y asesinados cuatro reporteros más otro desaparecido.
Pero ni hablar, la leyenda urbana y rural se impone.
El palacio de Xalapa… la casa de todos.
Ajá.
Nada como engalanarse con mármol: la única gran obra pública de “La señora de Zacatecas”.






