El Salsa Fest en Boca del Río se ha convertido ya, parece, en una réplica del Instituto de la Superación Ciudadana.
Y el gobierno del Estado lo organiza, ahora, cuando en los orígenes fue creado por el expresidente municipal priista Salvador Manzur.
Además, el Salsa Fest transfigurado en el paraíso terrenal.
Primero, dice la góber, el objetivo superior, “promover la felicidad”.
La felicidad, claro, bailando salsa durante varias noches con las mejores orquestas tropicales de América Latina.
Segundo, promover el bienestar social en un Veracruz donde seis de cada diez ciudadanos viven en la miseria, la pobreza, la jodidez, el desempleo, el subempleo, la migración a Estados Unidos y vendiendo tacos, tortas, volovanes y chicles y dulces en la esquina del crucero.
Tercero, con el Salsa Fest la convivencia.
La gran convivencia.
Por ejemplo, por lo general el hombre llega solo al bailongo y sale acompañado de damita apenas, apenitas, conocida en los pasitos sabrosos de salsa.
Ahora, un festival sano.
Sin vendimia de alcohol, ajá.
La autoridad revisa las propuestas de las orquestas.
Y a bailar todos.
“Veracruz de moda” porque igual, igualito como en el sexenio de Cuitláhuac García, resucitadas las fiestas patronales en cada pueblo.
Vivir, pues, con la bilirrubina y mejor karma y fario y con el acelerador hasta el tuétano.
Digamos, olvidarse unas horas de los secuestros, los desaparecidos, las extorsiones, los feminicidios, los crímenes de hombres y hasta de niños y ancianos y de las fosas clandestinas.
Y, claro, claro, claro, olvidar la impunidad.
¡Suerte, mucha suerte!
Ánimo, que más, mucho más se perdió en la intervención norteamericana en Veracruz.
Y cuando el famoso “Pirata” Lorencillo desembarcaba con sus huestes sicarias en las playas de Chalchihuecan.
El Salsa Fest, del tradicional barrio de La Huaca a Boca del Río.
