Entre Jorge Wínckler y Javier Duarte, vidas paralelas.
Ambos políticos, presos.
Wínckler, en el penal de Pacho Viejo.
Duarte, en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México.
Wínckler, cuatro años presos. Detenido el 25 de julio del año 2022 en Puerto Escondido.
Duarte, detenido en Guatemala y extraditado a México.
Wínckler, dos años “en la plenitud del pinche poder” como fiscal general.
Duarte, doce años en la gloria como subsecretario y secretario de Finanzas y Planeación, diputado federal y gobernador.
Wínckler, ligado a Miguel Ángel Yunes Linares.
Duarte, ligado a Fidel Herrera Beltrán, Q.E.P.D.
Wínckler, detenido por el ejercicio indebido del servicio público, abuso de autoridad y tráfico de influencias.
A punto de salir, el juez le dictó un año más.
Duarte, a punto de la liberación, un año más.
Wínckler, en la gloria.
Aquel tiempo cuando se ponía un delantal y guisaba ante una paila y tomaba la foto y el video y lo circulaba en las redes sociales.
Wínckler, aquel tiempo cuando se tiraba al piso tomando fotos y videos en acto público de su jefe político.
Duarte, con la famosa leyenda política de que “aquí no pasa nada”.
Pero… pasaba.
En el ejercicio del poder todo, absolutamente todo, lo tuvieron.
Wínckler y Duarte, los únicos políticos de Veracruz viviendo los días y las noches en la prisión.
Y ni modo, “haiga sido como haiga sido”, las secuelas de su ejercicio del poder.
En el sexenio de Agustín Acosta Lagunes, un político encarcelado.
En el sexenio de Patricio Chirinos Calero, tres políticos encarcelados.
En ambos casos, siempre quedó la imagen de una venganza política.
Ajustes de cuentas entre las tribus políticas.
En el tiempo del jefe máximo, Plutarco Elías Calles, los políticos adversarios, opositores y enemigos eran asesinados.
Incluso, hasta masacres.
Por ejemplo, el asesinato en Topilejo de cien simpatizantes del filósofo y escritor, José Vasconcelos Calderón, candidato presidencial independiente.




