Ni modo, a primera vista el amor ha perdido una gran batalla.
Cuatro años después la ruptura del matrimonio entre dos mujeres.
Elizabeth Morales, política, y Zoé Gamboa, empresaria de la Medicina Estética.
De acuerdo con Zoé, “por salud mental”.
Simplemente, así es la vida.
Todo lo que comienza… termina.
Pero en el caso, una vez más el alma ha quedado atrapada en la madrugada turbulenta, la hora más dura y ruda de la noche.
Peor cuando, por ejemplo, Zoé Gamboa dice que el principio del abismo se fue despeñándose por “la salud mental”.
La salud mental de Zoé, se entiende.
Tiempo huracanado cuando en el Registro Civil predominan los divorcios por encima, y lejos, de las bodas.
Sabrán ellas las razones de peso y con peso de la ruptura.
Pero en medio del Mundial de Fútbol…
Y de tantos feminicidios en Veracruz…
Y el asesinato de veintidós políticos…
Y los crímenes de tres reporteros y dos más secuestrados y desaparecidos…
Todos en la impunidad…
La noticia de la ruptura ELMO y Zoé se ha ido a ocho columnas.
A tono, digamos, con la tradición de “un pueblo chico y un infierno grande”.
El periódico digital alcalorpolítico ganó la exclusiva.
Hermosa foto donde ellas contraen matrimonio vestidas de blanco.
El fin de un sueño.
Una utopía.
Tal cual, como muchas, muchísimas parejas.
Pero en el caso, el trascendido en Xalapa por la biografía política de Elizabeth Morales: expriista, petista ahora (el PT, hermano putativo de MORENA), conductora de TV Más, diputada federal, alcaldesa en la capital y legisladora local.
Lo decía un amante del escritor Oscar Wilde: “El amor que no se atreve a pronunciar su nombre”.
Pero en nombre del amor ellas marcaron pauta.
Han labrado historia.

